lunes, 26 de noviembre de 2012

Delirios de una cafetera olvidada

Tiempo hacía que no sentía el frío en la cara. Aposentado en su silla se sentía como un gran señor, elegante, despistado, apreciando el espectáculo que la calle le ofrecía.
La edad no le preocupaba, al contrario, se sentía un sabio entre sabios, agradecido por las experiencias que lo habían modelado.
Un café bien caliente. El vapor que exhalaba difuminaba su rostro ante los transeúntes, como una fina neblina. 

"La gente de hoy en día vive demasiado deprisa"

Era algo que pensaba con frecuencia, solo hacía falta sentarse a observar. La edad te otorga una perspectiva más amplia, pese a que muchas veces se vea salpicada por atisbos de locura. Pero, ¿que es la vida sino una locura? Todo punto de vista es inerte a la persona, cada persona es un mundo, y cada mundo está compuesto de millones de pequeños detalles. Desde luego, es una locura.

La tarde caía rojiza, pronto anochecería. Las finas nubes que se dibujaban en el horizonte le indicaban la llegada de los vientos del norte, algo que, por supuesto, casi nadie sabía ya. Con un pequeño esfuerzo se levantó de su trono, revolvió el bolsillo y dejó unas cuantas monedas sobre la mesa.
A su lado una mujer, aparentemente perdida en sus pensamientos, alzó la mirada hacía él. Solo hubo un intercambio de tímidas sonrisas. Satisfecho emprendió el camino a casa. 

"Quizá aun haya esperanza".



Fotografía por: http://www.flickr.com/photos/hernanpc/8212780377/in/photostream

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