martes, 20 de noviembre de 2012

Prefacio

Una mañana fría como otra cualquiera. La estación, llena para variar, respiraba un aire demasiado cargado para esa época del año, pues en invierno, la sensación de agobio no le resultaba tan insoportable como el resto del año. Era quizá el aire frío o quizá, simplemente,un estado de animo, pero después de la estación otoñal su consciencia le daba un respiro, después del interminable año de estrés y preocupaciones. Había llegado a pensar que rozaba la locura, pero siempre se escudaba en que, de no estar cuerdo, ni el mismo lo sabría.
Aquel resultó ser un año extraño, pese a la incertidumbre del mundo en el que vivía, algo ajeno a su conocimiento le inquietaba, el murmuro de un voz sin nombre que le inspiraba tiempos de cambio.

La gente, como cada mañana, caminaba a su alrededor sin prestar más atención que en sí mismos. Bullicio, mal olor y soledad, se sentía extrañamente solo entre cientos de personas.
Se sentó en un banco y comenzó a leer las noticias del día. Últimamente la prensa ofrecía pocas alegrías, a excepción del triunfo de algún equipo de fútbol, como la anestesia que se administra a los caballos después de una dura carrera.

Levantó la cabeza, miro a su alrededor, observando los rostros de todo aquel que pasaba. Nadie, absolutamente nadie, ofrecía un mirada digna de su nombre. Rostros cansados, aburridos o desilusionados, ni siquiera los pocos niños que a esas horas se veían irradiaban la luz en la mirada. Sin más, un idea clara y concisa recorrió su mente, un pensamiento que, aunque siempre había estado presente, nunca había centrado su atención. 

Aquel no era el lugar donde quería vivir.



Fotografía por: http://www.flickr.com/photos/hernanpc

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