domingo, 24 de marzo de 2013

¿Qué es esto exactamente?

Buscaba estímulos en los vientos de primavera. Recorría las calles de un día nublado, sin más compañía que su paquete de tabaco y un libro de tratados de historia económica.

En esa época del año, recién pasado el equinoccio de primavera, sus estados de animo empezaban a serenarse. Tras superar el gris matiz de invierno, amanecía primavera. Era el amanecer de colores, olores y sensaciones, que inundaban un alma atormentada por fantasmas sin rostro.

Dando tumbos por la vida,
sin parar a contemplar
un matiz que difumina
las pisadas al andar.

Aborrecía la muchedumbre, el ruido, y Barcelona no era diferente a otras ciudades en ese aspecto. La histórica ciudad Condal, repleta de memoria y diversidad, se le ofrecía exasperante y acosadora. Apreciaba la belleza de Ciutat Vella, el Rabal, incluso del milimetrado Eixample, pero aquel nunca había sido su lugar. Pertenecía a las montañas, a los pastos y a la libertad, que tantas veces había intentado plasmar en palabras.

Después de sortear coches, calles y personas, decidió parar a tomar una copa. Examinó detenidamente el establecimiento. Se trataba de una pequeña taberna, empotrada entre dos edificios relativamente nuevos, por lo que destacaba el contraste entre ellos. Tenía un aspecto lúgubre, deprimido, con una fachada salpicada por recuerdos y cicatrices urbanas. Le pareció un lugar adecuado, pues no disfrutaba de la compañía humana, aquella que tantas veces le había defraudado. 

Adentrándose en un mundo
de beber por recordar,
no conoce mejor pasto
que el de copa, taza y bar.

Finalmente se decidió a entrar. Aunque desde el exterior no se podía ver ni un resquicio de luz, creyó que el local cumpliría sus expectativas.
Avanzó decidido. Tras la primera puerta se encontró con otra de frente, un gran pórtico, color magenta, que le pareció la entrada al cielo, o quizá al infierno. Aun sin avanzar una extraña vibración le recorrió la espalda, algo que nunca más volvió a sentir, pero que con el tiempo, sería el desencadenante de todas las alegrías y desgracias que experimentaría.

Un puerta frente a ti,
muestra firme tu camino,
pues sabrás lo que es vivir,
miedo a lo desconocido.

Unos pasos más y un firme giro de muñeca en la manivela desataron un mundo que nunca podría abandonar. Después de un destello cegador, todo empezó a cobrar forma. Una espesa capa de humo cubría el ambiente, mezclada con el olor a whisky barato que desprendían aquellas sonrisas fantasmagóricas.  A la derecha una pequeña barra, custodiada por un anciano, vestido con el más exquisito uniforme de gala, una medalla que reflejaba la dureza de su oficio. En la parte izquierda unos pocos sillones y mesas, fuentes incansables de niebla, pues solo eran visibles a la luz de los puros incandescentes que flotaban en el aire.
Pero su atención se centraba en el centro de la sala, era de allí de donde emanaba la luz, la vibración, aquel sonido. Nunca antes había escuchado nada igual. Sin poder articular palabra, ni pensamiento, avanzó unos metros más, se sentó en una silla y, absorto en la melodía que aquellos dedos desprendían, preguntó al hombre que tenía al lado:

-¿Qué es esto exactamente?

Su nuevo compañero, con un movimiento de cabeza lento, volvió su mirada hacía él, esbozó una sonrisa, y pronunció dos palabras, dos palabras nada más, para seguir disfrutando de aquel espectáculo sin igual; dos palabras que nunca le haría falta volver a escuchar:

- Es jazz.

Desencriptas el ambiente,
nada existe más allá
del entramado divino
de sonrisas, humo y jazz.

Fotografía por: http://www.flickr.com/photos/hernanpc/

4 comentarios:

  1. Reflejas de forma amgistral el ambiente urbano y de bares, pareciera que estoy escuchando esos ritmos de jazz.

    Me gusta la combinación de prosa y versos, te ha quedado muy bien. Hace poco publiqué un poema con una parte en prosa, pero a modo de introducción, precisamente también ambientado en temática urbana:
    http://elerrantetrovador.blogspot.com.es/2013/02/aceras-mojadas.html

    Tengo muchas ganas de conocer Barcelona, es una de las pocas ciudades de España que quiero conocer y aún no lo he hecho. A ver si cuando termine la carrera me puedo pegar un viajecito. La verdad es que Málaga me asfixia un poco...

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    1. Me alegro de que te haya gustado compañero! Yo no ahora no vivo en Barcelona capital, estuve allí hasta los 14 años, pero ahora estoy en un pueblo a las afueras... Si te digo la verdad, nunca me gustó el cargado ambiente que tiene, pero ni el de Barcelona ni el de ninguna ciudad. Con la edad, sin embargo, empiezo a apreciar sus rincones y recónditos lugares, cada cual con una magia característica. Espero que algún día la visites!
      Un abrazo!

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  2. Gracias por compartir tu cultura y tu persona! Es un placer leerte y una oportunidad para crecer para mí. Sinceramente no me gusta mucho el ambiente ciertamente intoxicado de Barcelona, su aire cargado y pesado, su agobiante ruido y su incesante movimiento. Supongo que soy más de campo y aire libre, pero, ¿a quién no le gusta? Puede ser que me haya descubierto un tanto inflexible y leer tu texto me ha recordado esas veces que le doy otra oportunidad y, como bien dices, descubro un nuevo lugar con una magia especial.

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    1. Yo también soy de campo, es más, vivo en él. Pero aun así me gusta poder ver algún resquicio de belleza en la ciudad (aunque nunca me haya gustado). Y gracias a ti por leerme!

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