martes, 25 de junio de 2013

Sin vuelta atrás. Capítulo III

Entender nuestra existencia como un medio de protesta,
ser la hoja que en la forja adquiere su autoridad
y pierde las impurezas con los golpes que le asestan
los designios de una vida sin rasgos de ambigüedad.

Asumir que con la muerte no termina la contienda,
es siempre una lucha eterna por legar felicidad,
somos lumbre en la que arde todo aquél al que detestan
las masas enfurecidas reclamando dignidad.

Deshonestas esas voces que nos reclaman paciencia,
por esperar un futuro que algún día ha de llegar,
nuestro movimiento pasa por un cambio de conciencia,
sacudiendo los preceptos de toda una sociedad.

Aun queriendo no consiguen aplacar nuestras banderas,
pues ondean con un viento imposible de frenar,
aunque corran malos tiempos siempre acabará en la hoguera
su detestable deseo de ignorar toda igualdad.

Avanzar con paso firme, y con la espalda bien recta,
presumiendo de cordura, de indudable honestidad,
no hay murallas ni castillos que asediar en esta guerra,
solo hogueras que iluminan las mentes con libertad.

Fotografía por: http://www.flickr.com/photos/hernanpc



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