miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sin vuelta atrás (completo)

I

Escondía su sonrisa bajo una cara espigada,
prados verdes derretidos sobre un manto carmesí,
bajo la ciega mirada de los unos besos maldecidos,
en su piel dejó estampado mi futuro porvenir.

No encontré mejor camino que seguir tras sus pisadas,
conocer los infortunios que le tocaba vivir,
comprender toda la esencia que encerraban nuestros lazos,
construir junto a sus ojos un futuro en que existir.

Por querernos desterramos la codicia de la manos,
y matamos toda envidia disfrazad de jazmín,
al miedo y a la injusticia derrotamos con los votos
que juramos una tarde tumbados en el jardín.

Un día me preguntaba: "¿Crees que es esta nuestra hoguera?
¿La que arde iluminando un planeta en frenesí?
¿No haremos de nuestra lumbre un llama que persiga
enseñarle a este mundo como amar y compartir?

Reflexión más que certera, medité mientras veía
las estrellas ascendiendo tras la luna caciquil,
que ordenaba las celestes estructuras convertidas
en presagios escondidos bajo el brillo más febril.


II

Tras dormir nuestro letargo amaneció primavera,
no servían ya los barcos construidos con cartón,
precisábamos cimientos que asentasen las ideas,
emprendimos la campaña con la fuerza del valor.

Recorrimos fieros pastos sin salir de la vereda
que guiaba nuestros pasos hacia un fin prometedor,
todas nuestras enseñanzas marcaron como una huella
a las gentes que aplicaron nuestro dogma con rigor.

Un anciano preguntaba: ¿Es ésta una llama eterna?
¿Brilla siempre incandescente emitiendo un gran fulgor?
¿No se apaga con el viento que proviene de la cima,
donde anidan los poderes del oscuro destructor?

La belleza de este fuego no se extingue - dijo ella,
pues su fuerza se alimenta del que se hace portador
de la llama de protesta que ahora brilla en horas muertas
e ilumina los senderos infestados de terror.

Largo camino quedaba, persiguiendo aquella estela,
abanico de colores que impregnaba con su olor,
portadora de un mensaje de esperanzas a una tierra
que crecía verde y limpia tras su paso vencedor.


III

Entender nuestra existencia como un medio de protesta,
ser la hoja que en la forja adquiere su autoridad
y pierde las impurezas con los golpes que le asestan
los designios de una vida sin rasgos de ambigüedad.

Asumir que con la muerte no termina la contienda,
es siempre una lucha eterna por legar felicidad,
somos lumbre en la que arde todo aquél al que detestan
las masas enfurecidas reclamando dignidad.

Deshonestas esas voces que nos reclaman paciencia,
por esperar un futuro que algún día ha de llegar,
nuestro movimiento pasa por un cambio de conciencia,
sacudiendo los preceptos de toda una sociedad.

Aun queriendo no consiguen aplacar nuestras banderas,
pues ondean con un viento imposible de frenar,
aunque corran malos tiempos siempre acabará en la hoguera
su detestable deseo de ignorar toda igualdad.

Avanzar con paso firme, y con la espalda bien recta,
presumiendo de cordura, de indudable honestidad,
no hay murallas ni castillos que asediar en esta guerra,
solo hogueras que iluminan las mentes con libertad.

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