martes, 28 de abril de 2015

Momentos sin narrar

Luces que nos dan la vida,

letras aun por explorar,

senderos,

copas,

días,

vistas a tu despertar.


Cien hogares sin familia,

mil caminos sin pisar,

horizontes,

cielos,

risas,

todo cuanto deseamos lo obtendremos,

nada más.



Y al cerrar lo ventanales

solo quedará el disfraz,

de los versos sin secretos,

de momentos sin narrar,

pues aun siendo falsos libros

nos narraron el compás,

de los silencios vividos,

del amor aun por crear.

Fotografía por: https://www.flickr.com/photos/hernanpc

domingo, 19 de abril de 2015

Presente y nada más

Decidí vivir únicamente el presente, 

malgastar los momentos viendo amanecer

 entender las esencias que esconden los bosques 

y apartar de mi psique los recuerdos de ayer.

No creí que en tormentas encontrará respuestas, 

mas rehuyendo problemas nunca pude avanzar.

Fue por ello que un día levanté la cabeza,

 miré al cielo y pensé: 

hoy se acaba el final, 

nunca más volveré a temer nuevas sendas, 

viviré sin camino,

dejaré de luchar.

La trascendencia de aquello no se mide en vivencias, 

sino en riqueza de espíritu, 

en la calma vital, 

pues ahora no anido miedos ni incertezas, 

no hay pasado o futuro,

presente y nada más.

Fotografía por: https://www.flickr.com/photos/hernanpc







martes, 14 de abril de 2015

Amaneciste

Amaneciste,

viste que en tu pensamiento no cabía oscuridad,

sonreíste y me dijiste que ya nunca tendría que ver llorar

a esos ojos de azabache; y además

resarciste todo el mal que me causé,

y entendiste que la esencia de la vida no es mirar,

sino alzar la vista al cielo y actuar,

revivir con cada nuevo amanecer,

vislumbrando nuestros rostros y entender

que mi mundo

son tus barcos de papel.



Comprendiste,

que el fuego que prende al hombre sacia en él

la agonía de existir sin comprender,

y que todo lo que observas es fugaz

excepto las dualidades de ambas caras del disfraz,

pues tras él

ocultamos los recuerdos y el placer,

los momentos, los viajes y el anden

donde cada mediodía vi llegar

trenes que no eran el mio,

migajas de duro pan.



Sonreíste,

y tu mundo por completo me cambió,

abrí puertas del amor y del calor,

de la vida, del amar y del placer,

de los pocos sueños rotos que nunca esperé tener,

pues así

nacen las grandes historias que sin fin

me contabas tumbados en el jardín,

interpretando las nubes,

siendo siervos del momento,

peleando sentimientos,

de esos que mi entendimiento siempre intentó fingir.


Fotografía por: https://www.flickr.com/photos/hernanpc




domingo, 12 de abril de 2015

Más allá de las leyes de los hombres

Había sido solo un presentimiento, pero sí, estaba llegando el final. 

De pronto, solo importó todo lo vivido, todo aquello que nos había hecho tal y como éramos.
Nuestras ideas habían cambiado el mundo, nuestro mundo, y ya tan solo nos quedaba continuar, por caminos separados, por la larga senda que nos quedaba por recorrer.

Recuerdo nuestras primeras reivindicaciones. Si bien antes ya lo intuíamos, conocernos significó un impulso a nuestras ideas. Estábamos cansados de vivir bajo moldes, de adaptarnos a todo aquello que se esperaba de nosotros, por lo que decidimos hacer de nuestra vida literatura. ¿Porqué no podía ser posible un amor de cuento? ¿Tampoco una vida de aventuras? ¿Debíamos resignarnos a aquello a lo que la mayoría llama vida? No. Y descubrir esta respuesta fue como volver a nacer.

Aburríamos las normas establecidas, y por ello decidimos renunciar a ellas. Más allá de las leyes de los hombres existía un mundo de libre albedrío, un mundo en el que únicamente aquello que sientes tiene sentido, aunque fuéramos locos a los ojos de los demás. Todo formaba parte de nuestra experiencia vital, y no estábamos dispuestos a renunciar a ello.
Experimentamos lo que era vivir enamorados de manera perpetua, no amoldados a la vida en pareja, estancados en rutinas y convivencias forzosas sin sentido. Sentir y amar era mucho más que eso. También hacia el exterior todo cambio. La concepción que el mundo tiene de si mismo es aquello que le da forma, y aunque fue algo difícil de entender, supuso una de las grandes puertas a cruzar. Vimos más allá de formas y etiquetas, de rostros, apariencias o etnias. Fue como despertar de un largo letargo, en el cual habíamos vivido, engañados por un escenario donde todo representaba un papel.

Pese a todo, nuestro gran descubrimiento fue el de la muerte. Vivimos para morir, y decidimos actuar en consecuencia. No valía la pena morir por la tranquilidad ni la seguridad de occidente, ni por la salud o el bienestar. Por ello buscamos en las grandes historias, donde la muerte por un amor, por un ideal o por un objetivo convierten ese último momento en leyenda.

La conjunción de todo aquello acabó, temporalmente. Ahora recorremos el mundo buscando. ¿El qué?, se preguntarán muchos, pero no existe tal respuesta, no es necesaria. Buscar algo en concreto focaliza demasiado la atención. Buscar, sin saber qué, permite un abanico de posibilidades infinitas, donde a cada momento puedes encontrar algo que, aun sin saberlo, necesitabas encontrar.


Fotografía por: https://www.flickr.com/photos/hernanpc/

miércoles, 1 de abril de 2015

Sí, era esa luz

No necesitamos riendas ni correas, el simple vaivén del viento indicaba la dirección a seguir. Los recuerdos, como las ideas, solo formaban parte del imaginario colectivo de aquel momento. Nada existía ni existió, nada hacía falta. Únicamente nos movía el firme propósito de avanzar. 

Caminábamos juntos, si, pero era mucho más que eso. La crudeza del destino, si es que existe tal cosa, nos había llevado a aquel momento, libres de condicionantes externos, presos de una libertad sin parangón, condenándonos a vivir tan intensamente que solo la muerte podría habernos detenido.
Mis ganas de explorar y tu templanza; mis momentos de duda, tu confianza. Formábamos un binomio difícil de interpretar, dos piezas de conjuntos tan distantes que el simple hecho de verlas juntas ya resultaba un regalo para los sentidos.

Nuestra decisión se convirtió en viaje, y el viaje en leyenda, pues algo superior nos guiaba en todo aquello. No podía ser cosa del azar, ni de la casualidad, simplemente debía ser así.
Cabe añadir que nuestra aventura no fue solo terrenal. La inmensidad de los paisajes que visitamos estaba decorada con tus explicaciones sobre el territorio, un mar de estratos y accidentes geográficos. Eran explicaciones técnicas, que en la mayoría de casos carecían de sentido para mi, pero no era aquí donde radicaba su fuerza. Tus palabras emitían brillo, un brillo que solo puede entenderse si realmente amas lo haces; un brillo característico de aquellas personas únicas, entregadas, apasionadas por el conocimiento, y eso era más de lo que nadie podía pedir. Cualquiera puede hacer una descripción de la luz artificial, que tan afanosamente los hombres se empeñan en mantener. La luz de los astros, en cambio, está reservada a un grupo más selecto, el de los músicos, poetas y soñadores, mentes ambulantes capaces de ver más allá de las formas. No obstante, existe otra luz, una luz no visible con la vista, una luz reservada a aquellos que no ven con los ojos, capaces de mirar con el corazón y el resto de los sentidos, una luz que se puede escuchar, pero también tocar, la luz de los ideales. Sí, era esa luz la que brillaba en ti, y la qué, sin tu saberlo, alumbraba cada paso que dábamos, en conjunción con las estrellas, marcando el sendero por el que debíamos continuar.


Fotografía por: https://www.flickr.com/photos/vidadesdoblada