miércoles, 7 de octubre de 2015

Acto primero


La danza que marca el final del ocaso
dibuja en tu escena mi infame verdad:
soy preso en tus brazos, y vivo esperando
al público atento para comenzar.

Los actores listos en el escenario,
la música tenue ya empieza a sonar,
telón en tus labios, rojo pasionario,
se abre mostrando tus ojos de mar.

Y entonces comienza la danza sin canto:
caricias vetadas, besos al azar,
marcar tu escenario con mis frías manos
al compás del ritmo de tu respirar.

El sudario blanco se enreda en abrazos,
dos cuerpos unidos, bailando sin más,
implosión, sobresalto ,de pronto el aplauso
y la luz oscilante que anuncia el final.


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